Apple pelea su propia guerra de copyright por entrenar IA con YouTube
Apple pide desestimar la demanda de tres canales de YouTube que la acusan de usar sus videos, sin permiso, para entrenar modelos de IA.
Mientras el mundo mira las demandas de OpenAI y Meta por usar contenido ajeno para entrenar sus modelos, Apple libra la suya propia, en silencio, en la misma corte del Distrito Norte de California donde se ventila el caso Jon Prosser. Esta semana pidió que la desestimen.
La demanda se presentó a finales de marzo: tres canales de YouTube —h3h3Productions, con millones de suscriptores, y los canales de golf MrShortGame Golf y Golfholics— acusan a Apple de violar la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital (DMCA) al descargar masivamente sus videos para entrenar modelos de inteligencia artificial. Su argumento: Apple “eludió deliberadamente” las protecciones de YouTube contra la descarga y “se benefició sustancialmente” sin pagarles nada, en lo que llaman “un ataque desconsiderado contra la comunidad de creadores de contenido” que alimenta, sin compensación, “la industria de la IA generativa de varios billones de dólares”.
Apple no está negando el uso de los videos. Su defensa es más específica: los demandantes publicaron ese contenido en YouTube, visible para cualquiera, “sin contraseña, sin pago, sin candado, sin llave”, y las supuestas medidas técnicas de YouTube contra la descarga no cuentan como una barrera real de acceso bajo el artículo de la DMCA que invocan los demandantes. En otras palabras: público es público, aunque haya un botón de “no descargar”.
Esta no es una pelea aislada. Los mismos demandantes ya presentaron casos parecidos contra Meta, Nvidia, ByteDance y Snap por el mismo motivo: usar contenido de YouTube para entrenar modelos de IA sin pagarles. Apple es la última en la fila, no la primera, y su lógica ya la había resumido en 2024 Mustafa Suleyman, el jefe de IA de Microsoft, cuando dijo que el contenido en la web abierta “llevaba mucho tiempo tratándose como uso justo, o ‘freeware’”. Lo que sí distingue este caso es lo poco que se ha hablado de él frente al ruido mediático de los pleitos de OpenAI: para una empresa que vende privacidad como diferencial de marca, cómo entrena sus modelos de IA y a quién no le paga por los datos es una pregunta que debería incomodar más de lo que incomoda hoy.
